Principios inalterables del Arte Marcial Tradicional Chino

kungfu, taichi, principios del arte marcial tradicional
Descripción breve:
Comprender estos principios y tenerlos presentes en la práctica, nos hará llegar a una comprensión profunda del Arte Marcial.

PRINCIPIOS INALTERABLES DEL ARTE MARCIAL TRADICIONAL CHINO

          INTRODUCCIÓN

     Esta exposición no es sencilla de comprender para quienes no han alcanzado aún un alto nivel de experiencia, así como para quienes tienen otros fines derivados como consecuencia de la práctica, pues dominar un Arte Marcial, no es saber patear o proyectar correctamente.

   La gente suele tener la falsa idea de que ser buenos practicantes es saber pelear, pero esto se aleja enormemente de la realidad, dado que es una consecuencia, pero no un fin. Quiero insistir en que hablo estrictamente de la práctica del arte marcial tradicional, ajeno a toda forma de competición, dado que esta nada tiene que ver con los principios originales del arte de lucha.

   La práctica del Wushu (arte marcial chino) no es la perfección de una técnica, sino encontrar la unidad interior, es "Meditación en Movimiento" y es también aportar una línea de conducta para mejorar el espíritu humano. Dicho de otra forma, a través de la práctica la personalidad fortalece el interior, experimentándose en los movimientos que realizamos, donde la armonía de lo dulce o suave y envolvente se codea con lo fuerte y devastador, donde lo inmutable es el centro de la mayor de las movilidades, manteniendo el centro estable y permitiendo la rotación esférica que caracteriza los movimientos circulares, lo mismo que los movimientos firmes y directos que tratarán de controlar al adversario.

   El secreto del Arte Marcial “supremo” reposa sobre el poder de la técnica y de los principios que rigen el propio espíritu. Mediante la práctica de los movimientos del cuerpo llegamos a dominar la técnica. Con la disciplina y la meditación, el espíritu dominará al cuerpo de forma que la auténtica técnica del cuerpo se convertirá en la sustancia o manifestación del espíritu.

   Si practicamos los principios del arte con negligencia, la técnica que ejecutemos en combate estará falta de la fuerza y la actitud que le llega del espíritu, pues la técnica por sí sola no es suficiente.

   Si practicamos la técnica, sin practicar los principios, no seremos alimentados por lo que es superior en nuestro trabajo físico: la fuerza del espíritu.

PRINCIPIOS Y COMENTARIOS

   Los principios que tenemos que seguir serán propios de cada escuela, pero para que participe la cultura del espíritu, tienen que estar de acuerdo con la verdad última que profesamos.

   En la época feudal, nadie podía esperar sobrevivir en un combate contra un experto que había integrado estos principios, sus principios, con la práctica de las artes de la guerra.

     -Primer principio: 

   La técnica tiene que estar de acuerdo con la realidad última que perseguimos. Si la actitud es la correcta, y el precio que estamos dispuestos a pagar está de acuerdo con el riesgo a asumir, no dudaremos en el momento adecuado.

   Si practicamos de cara a la competición, el objetivo de la técnica será conseguir un punto (por dar un ejemplo), o evitar que el oponente lo consiga.

   Pero esto, nada tiene que ver con la realidad de un arte marcial tradicional, donde la vida o la muerte pueden decidirse en un movimiento, estando muy lejos el objetivo de la técnica de acumular puntos, ya que las acciones de un ataque pueden sobrevenir en cualquier momento, ante cualquier adversario o adversarios, y en cualquier tipo de situación.

   Con un espíritu marcial, no tiene sentido la competición, dado que la diferencia en el contenido de ambos planteamientos evidencia la importancia de este primer principio.

     -Segundo principio: 

   Alimentar la técnica incrementando la fuerza del espíritu mediante la armonía interior.

   Hay que saber encontrar el sentimiento de tranquilidad serena que envuelve el camino de las cosas. Estar en armonía con lo simple y sentirse humilde, es sentir la alegría serena del recogimiento interior, lo que experimentamos cuando trabajamos con devoción, con la pureza de un espíritu en armonía con lo simple y natural. Cuando parece que lo que era importante para nosotros empieza a perder sentido, hay que saber retornar al origen de todo.

   Incluso el deseo de querer retirarse a un lugar solitario para encontrar la armonía con las cosas sencillas, puede ser insuficiente si no va acompañado de una actitud de espíritu que nos permita reencontrar el equilibrio por el cultivo de la sensibilidad, sea a través de sus formas y rituales, en la que la meditación y el silencio ocuparán un lugar destacado, o a través de las técnicas y las disciplinas guerreras.

     -Tercer principio:

   Descubrir de la Sabiduría Inmutable , la que permanece por encima de todo.

   Me refiero a la que abandonando todo sentimiento del propio Yo, del deseo de vencer o del miedo a ser vencido, nos provee de la más firme de las actitudes.

   Cuando hablo de inmutable, no me refiero a algo quieto, sin movimiento, sino al nivel más alto de movilidad alrededor de un centro inmutable que permanece firme por encima de todas las cosas. Como ejemplo, una rueda que gira, donde el eje central  parece inmutable o inmóvil.

     -Cuarto principio:

   La Gran Unidad.

   La verdadera técnica del cuerpo es la que se unifica con los poderes del espíritu, pero para ello tiene que estar vació.

   Para que este espíritu llegue a manifestarse en nosotros mismos, debe tener un sentimiento de búsqueda, de comunicación con lo más supremo. Como decían los antiguos maestros: "La verdadera técnica del cuerpo es la que logra la unificación de lo terrenal con lo divino, es la llamada técnica de los dioses. Cuando el poder de los dioses se expresa por la técnica del cuerpo, su arte es puro y no hay aberturas en él...".

   Para poder entender este planteamiento (posiblemente el más difícil al que podemos lograr llegar), bastaría con observar que cuando realizáramos un movimiento, el adversario no tendría donde acogerse pues no encontraría vulnerabilidad en él, absorbiéndole en un vació del que no podría escapar, ni tampoco decidir.

   Sentiríamos su intención antes de que manifestara su acción. Poder anticipar su acción sin contrariar su decisión es asimilarlo con el cuerpo y guiarlo con el espíritu.

   Las técnicas que trabajamos para llegar a ello son simples y claras, los movimientos de base firme y estrictamente enseñados son su finalidad, basados en estos principios fundamentales. No hay que buscar formas ni modelos determinados pues cualquier movimiento natural puede contenerlos. No quiero decir con ello que las formas que se siguen no son importantes, sino que una vez conseguido su dominio tenemos que saber liberarnos de ellas. Sólo así experimentaremos cómo la profundidad de estos principios es insondable e inagotable.

   Es pues, mediante la práctica diaria y el entrenamiento sincero, por lo que llegaremos a experimentar el poder de la verdadera técnica, la que nos permitirá comprender que es real la presencia de la energía que mueve todo lo que se hace, de manera natural.

     -Quinto principio:

   No iniciar la acción de ataque antes de que lo haga el oponente.

   Parece una contradicción si consideramos que en la lucha real, el instante es decisivo, ciertamente, pero voy a intentar explicar lo que se ha de entender por ello. No iniciar el primer movimiento, no significa esperar a que el adversario empiece a golpearnos. Cuando su espíritu ha tomado la decisión o sentimos nuestro espacio vital invadido, el hecho de que nuestras acciones técnicas lleguen antes a él, no implica que hemos iniciado nosotros la acción de ataque, ya que esta se materializó primero en su espíritu, pues lo único que nosotros hemos hecho ha sido interferir su intención a través de un estado intuitivo de la propia consciencia.

   Cuando la vida o la muerte se deciden en una acción, no tiene sentido hablar de defensa y ataque. El poder de la técnica reposa en nuestro interior, se alimenta de nuestros sentimientos y del dominio que ejercemos sobre nuestras propias acciones.

   Si el poder que nos alimenta es fuerte, y permitimos que crezca, cuando lo manifestemos al exterior podrá adoptar cualquier forma.

   El recelo con que guardamos nuestras emociones y sentimientos refuerzan el poder de nuestro espíritu y hace que lo mejor de nosotros esté siempre en nuestro interior. "Poco vale el sentir que puede ser expresado con unas pocas palabras". Mantenemos en el interior de nuestras propias fronteras es por lo que el equilibrio presidirá nuestra acción, el que nos permitirá decidir el momento y la forma de llevar adelante la decisión justa, la que nacerá de la armonía y no de las circunstancias del carácter, la que una vez establecido el equilibrio roto por el oponente, olvidará toda injuria y actuará con el honor del código que anida en el corazón.

CONCLUSIÓN

   Coordinar todos estos principios hará que una serie de consecuencias surjan en nuestro interior: Sentir las intenciones del adversario. No ser influido por sus actitudes exteriores. Ser invulnerable a sus intenciones de ataque, ya que al no abrirnos a su actitud difícilmente sentirá una abertura por donde poder coger, pegar, atacar…

   Sean cuales sean las posibles consecuencias de todo este proceso, la maduración interior que se produce como consecuencia del mismo, hará que la naturalidad con que llevemos a cabo nuestras acciones dificulten enormemente las suyas.

   Esto podría concluirse en que la decisión de la acción no viene dada nunca por quien ve llegar el ataque, sino por quien siente que éste se va a gestar en un instante dado.